LOS LOBOS QUE LLEVAMOS DENTRO

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¿A QUIEN ESTÁS ALIMENTANDO?

Recuerdo haber leído una historia de un hombre mayor que le hablaba a su nieto y le decía que todo el mundo tenía en su interior un lobo bueno y un lobo malo, y siempre se estaban peleando entre ellos para ver quien ganaba.

El lobo malo siempre quería hacer cosas malas, quería revolcarse en la suciedad quería hacer daño a otros, quería engañar, mentir, robar e incluso hasta matar y siempre estaba enfadado.

Pero el lobo bueno siempre quería hacer cosas buenas. Quería estar limpio, quería ayudar a los demás, quería decir la verdad, quería compartir lo suyo con otros, quería ser amable, agradecido y quería estar siempre feliz y alegre.

El problema es que siempre se estaban peleando entre ellos, siempre estaban en lucha constante…

El niño escuchaba apasionadamente la historia de su abuelo y cuando el abuelo se calló por un instante, el niño le preguntó en su inocencia:

-          Abuelo y al final ¿quien gana?  ¿el lobo bueno o el lobo malo?

El abuelo se quedó en silencio y pausadamente le respondió

-          Siempre gana el lobo mejor alimentado. Al que tú le das de más comida es el que se hace más fuerte y gana al otro.

Esta historia merece un momento de reflexión.

¿A qué parte de mi interior estoy alimentando con mi pensamiento y con mi actitud?

¿A qué lobo le estoy dando de comer?

Tenemos la capacidad de redireccionar nuestro pensamiento a pesar de las circunstancias. Hay muchas situaciones difíciles a lo largo de la vida y lo fácil es dejarse llevar por el momento cargándonos de dolor, de rencor, de tristeza y deseos de venganza. Lo difícil es sustituir esos pensamientos centrándonos en recuerdos de situaciones bonitas que nos hicieron feliz y pensar en la belleza de lo que está por llegar.

Los resultados de esta “terapia” son impresionantes a nivel de salud emocional.

 La salud emocional incide directamente en la salud física, previniendo enfermedades o favoreciéndolas, ayudando a combatirlas o acelerándolas. La mente y el corazón tienen una enorme responsabilidad sobre la salud.

Durante la segunda guerra mundial, en los campos de concentración nazis, se cuenta de un hombre que consiguió sobrevivir gracias al pensamiento:

 Él siempre estaba pensando en cómo sería el reencuentro con sus familiares cuando todo aquello terminase, se veía abrazando a los suyos, se imaginaba una vida llena de alegría e ilusiones, soñaba la casa que iba a tener, se veía cultivando sus campos, cuidando de su granja y rodeado de personas que le transmitían amor y alegría.

Lo que este hombre hacía era trasladar su pensamiento a un lugar de paz y confort, intentando ignorar la situación atroz por la que estaba atravesando. Convivía diariamente con la muerte, con la violencia, la tortura, la humillación, la vejación y la falta de alimentos. La realidad era que sus compañeros iban muriendo víctimas del horror y del sufrimiento, pero el conseguía evadir la realidad sólo con el pensamiento, obteniendo con ello una mejora de su sistema inmunológico y un mejor estado de salud en general.

¿A qué lobo le estoy dando de comer? ¿Qué pensamientos y qué actitud son los que alimento diariamente?

Hay mucha gente que no necesita decir a qué lobo le está dando de comer porque se refleja en su vida y hasta en la expresión de su rostro.

 ¡LO QUE HACEMOS POR DENTRO SE NOTA POR FUERA!

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